A pesar que una de mis frases de cabecera siempre fue "No existen cosas imposibles, sino solo improbables", hay cosas que siempre me parecieron realmente imposibles.
Me parecía imposible que en algún momento la mayoría de aquellas personas, los compañeros con los que crecí y en los que deposité toda mi confianza por tanto tiempo, me pudieran dar la espalda y rechazarme tan de golpe, empecinados en defender una empresa externa a la familia que creí que formábamos. Sin embargo, eso pasó.
No podía imaginarme cantando ante dos personas (que encima son profesores de música), el novio de una amiga del colegio y su hermana, el mismo día en que los conocía. Y también pasó.
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